miércoles, 11 de mayo de 2011

Nunca te rias de alguien con cara de locura .-

Se la veia tan feliz antes de eso.. ella iluminaba las noches y lograba encandilar al sol cuando sonreia. Era todo casi perfecto, no se veian cicatrices de dolor hasta ese giro ocasionado que la llevo a la realidad de los medicamentos, las piezas blancas y las permanentes miradas.
 Nadie podia predecir tanta violencia, tanto dolor, tantas lagrimas mezcladas con una sonrisa enorme que se podia liberar entre el fuego y el olor a quemado que ellos emanaban. Realmente, nadie creyo que podria llegar a ocurrir una historia de pan triste, y menos que habria tantas miradas desalmadas luego de su furia.
 Comenzo con las burlas hacia ella, las risas, su enojo y las ganas de tomar al toro por los cuernos, llevando todo a extremos enfermizos. Se notaba, ella solo queria aceptacion, queria cariño. Queria que la vean linda, bien, y cada vez que lo pensaba sus costillas relucian un poco mas fuera de su torax. Todo nutriente seguia de largo sin pasar por su estomago, mientras ella hacia el intento de sentirse mejor, mintiendose y mintiendole al entorno, que seguia sin aceptarla.
 Sus ojos se destrozaban, no podia escaparse, y las tendencias asesinas minaban su cabeza cada dia.
 Tenian que verla el dia decisivo, toda la seguridad que siempre le falto aparecio de golpe ese dia, que armada con fuego y queroseno se decidio a finalizar todo de una vez por todas.
 Entro al salon de golpe, con una sonrisa en la boca, como las de antes. Le hizo seña a un par para que salieran y la masacre comenzo. Empapados, se los veia indefensos, aterrorizados, y ella sentia el poder. No tuvo piedad, lanzo el fuego y que se salve el que pueda. Los gritos parecian musica, en el intento inutil de salir luego de que las puertas ya habian cerrado.
 El humo rodeaba todo mientras ella caminaba ese pasillo sonriendo, liberada, pensando en el funeral en masa que se aprontaria en breve. Los bomberos llegaron al rato, pero ya era muy tarde para salvar a todos, el timpo ya habia hecho su trabajo, se habian consumido con el dolor a flor de piel. Los testigos la nombraron al momento de las preguntas, sabiendola escondida en un rincon, esperando sentada a que llegaran a encerrarla.
 Los hombres de blanco la agarraron de los hombros y comenzaron a moverse con su cuerpo a rastras, todos la miraban y ella no podia aguantar, se reia a carcajadas. A su alrededor, todos la veian con miedo, eran gatitos indefensos frente a todo el dolor que exploto en esa cara tierna que solia estar destrozada. Su sonrisa era resplandeciente, creoque nunca habia visto tan feliz y tranquila a esa mujer. Sabia lo que seguia, pero estaba decidida a enfrentarlo feliz.
  Se adentro en ese edificio macabro, enorme, con ventanas abrarrotadas y un monton de gente adentro. Ellos en terminos cotidianos eran locos, segun los medicos eran personas con desordenes psiquicos, da igual como le digan, a ella no le cambiaba en nada que le digan loca o paciente psiquiatrica, seguiria estando encerrada con doce medicos, enfermeros que la calmaban con un liquido en una aguja, y por supuesto, cientos de locos que continuaban en su mundo.
 Afuera todo habia cambiado, su nombre era historia para hacer dormir a los nenes, era parte de miles de diarios que relataban sus penas en tercera persona, y era un estudio para los psicologos de toda la ciudad, la provincia y tal vez alguno en el pais. En la ciudad era una historia nueva, las casas funerarias estaban llenas de cajones con cuerpos adolescentes que ya no sentian mas nada. Algunos debian estar cubiertos, sus caras eran irreconocibles, daban asco las cicatrices del recuerdo de ese olor a carne quemandose, del humo rodeandolos, de los pulmones inhalando pruo dioxido de carbono, haciendo el inutil intento de sobrevivir, todo por esa chica que nunca hacia nada.
 Su tiempo paso entre paredes blancas, en la soledad de la locura. Despues de años la dejaron salir, habia logrado hacer perfectamente la actuacion que los medicos necesitaban para darle el alta, aun cuando al kilometro se veia que ella no estaba bien, por lo menos no mentalmente.
 En fin, salio, y decidio volver a ese ya abandonado salon donde habia pasado todo. Habian restaurado el lugar, pero parecia que aun estaban las paredes quemadas y los gritos aun se escuchaban a lo lejos si se prestaba la suficiente atencion. Nada habia cambiado, las memorias seguian frescas en la superficie del rio.
En la ciudad todo habia quedado en el olvido, ya casi nadie recordaba la historia, nadie excepto los trece sobrevivientes, que cada 16 de junio revolvian el recuerdo al ver los obituarios de las veinti dos personas que se fueron. Los arrepentimientos aparecieron luego de las muertes, todos pedian perdon entre llantos, pero ya era muy tarde para pedirlos, y todos lo veian muy claro. Hubo secuelas, suicidios, traumas eternos, dinerales entregados a la psicologia y nuevas historias inspiradas en las ideas que hace años habia tenido esta mujer.
 Nunca mas supieron algo de ella, ya anciana. Se encerro, y cada dia se sentaba frente a un ventanal, mirando a lo lejos, abandonada incluso por si misma. Sus ojos estaban vacios, su piel fria, y su cerebro parecia desconectado.
 Recuerdo el rostro de panico de alguien que entro una vez y la vio. La sonrisa enfermiza seguia vigente frente al ventanal, con un pelo ya blanqueado por los años y unos ojos idos. Recuerdo haberlo escuchado hablar de una unica y muy repetitiva palabra: fuego. Alrededor de ella todo estaba quemado, fotos que quedaban hechas pedazos, ropa que habia sido reducida a cenizas y una carta que tenia una sola frase legible que decia "Yo pedi bien la piedad, no debieron subestimarme... Perdon, se que no lo hiciste"
 La culpa la habia consumido, ella no lo habia previsto y ahora no le servia llorar. Era una loca, habia encapsulado su vida en un recuerdo, y alrededor de ella no quedaba mas que muerte. No habia mas que hacer. La siguiente vez que entro a esa casa, la mujer ya no estaba, no existia, solo quedaba la silla frente al ventanal, quemada y nada mas que un intenso olor a muerte.
Camila Vanni.

No hay comentarios:

Publicar un comentario